De Eurocard a la billetera Wero: aprovechamiento de las iniciativas tempranas como motores del éxito

En el ámbito de los pagos en Europa, cualquier nuevo desarrollo suele estar basado en enfoques previos.
La tecnología revolucionaria inspira nuevas metodologías de trabajo. Los líderes visionarios generan dinámicas de mercado únicas. Pero cuando algo nuevo está en marcha, como ocurre con la vida misma, puede resultar esclarecedor profundizar un poco en la historia para comprender los impulsores del cambio y los ingredientes del éxito.

La Iniciativa Europea de Pagos (EPI, por sus siglas en inglés) se puso en marcha en los últimos años para proporcionar un sistema de pagos transfronterizos de propiedad europea que abarque los pagos minoristas, tanto físicos como en línea, y los pagos de cuenta a cuenta (A2A) a través de una tarjeta y una oferta de billetera de última generación, Wero. Dieciocho miembros fundadores, pertenecientes al sector de la banca y procedentes de cinco países europeos, se unieron a mediados del 2020, incluidos los adquirentes Worldline y Nets, para encargarse de la aceptación de pagos.

El ambicioso proyecto lleva el sello de la fusión de Eurocheque y Eurocard, que se convirtió en Europay (a la que finalmente absorbió Mastercard) en 1992. Eurocheque era un cheque de ámbito europeo introducido en 1969 como alternativa al efectivo (inicialmente para viajeros que cruzaban fronteras monetarias antes de la SEPA) y Eurocard, una tarjeta de crédito europea introducida para competir con Amex en 1964.

Al hablar con los participantes prominentes e influyentes del proyecto en aquelmomento, preguntamos: ¿cuáles de los factores de éxito de Europay podrían aplicarse debidamente a EPI para que llegue a una conclusión más rápida?

La mirada puesta en Europa a finales de los 80 y principios de los 90: un panorama de pagos rico, pero no tan propenso al crédito

Mastercard y Visa eran actores dominantes en ese momento, y Mastercard en particular se sintió atraída por Europa para expandir la presencia de sus tarjetas de crédito.

Richard Rolfe, editor de la publicación estadounidense Credit Card Management y futuro fundador de la revista European Card Review (que luego se convirtió en Payments, Cards and Mobile), recibió la tarea de analizar el mercado y el apetito por las tarjetas de crédito en Europa. «Mastercard, en particular, estaba convencida de que había margen para impulsar tarjetas de crédito al estilo estadounidense en Europa continental —al igual que proveedores clave como First Data—, pero pronto se hizo evidente que la comunidad bancaria europea prefería seguir utilizando sus tarjetas de cargo», afirmó.

Aun así, las tarjetas de débito y ATM eran la primera opción de casi todos los bancos. Europay se creó como respuesta al desarrollo de una marca europea para el mercado europeo, con un fuerte enfoque en las tarjetas de débito.

También había «tensión» entre el Reino Unido —que tenía una relación muy diferente con Visa y Mastercard, y una actitud diferente hacia las tarjetas de crédito— y otros países europeos importantes. Nada nuevo. Todo esto tuvo que ser superado y no es muy diferente de los desafíos de EPI para unir muchas facetas de un sistema complejo, siendo la función operativa convencer a las partes interesadas.

Según Rolfe, «Los bancos estadounidenses y, en menor medida, los británicos tenían una actitud muy relajada en cuanto a las deudas incobrables y consideraban que las pérdidas de un 5 % o 6 % en sus libros de contabilidad eran aceptables. Que simplemente era el coste del negocio. A los continentales, por el contrario, les horrorizaba esa actitud».

Como destaca Rolfe, la palabra alemana para deuda es «schuld» (como también lo es en holandés) y es la misma palabra que se usa para el concepto de culpa. Se puede hacer una idea.

Cierre de la brecha

La creación de un frente unido para construir una marca de identidad supuso comprender las actitudes nacionales respecto a las tarjetas de crédito y débito, así como presentar un argumento comercial. El mayor desafío, incluso para Europay, fue convencer a sus sistemas nacionales de que se sumaran a un sistema compartido, aunque con el objetivo general de adoptar y construir una identidad europea. Estos sistemas nacionales en Francia, España, Alemania, Holanda, etc. funcionaron muy bien para sus propósitos, y el incentivo para construir una marca europea importante simplemente no era tan fuerte como el miedo a terminados canibalizados por un sistema armonizado.

Etienne Goosse, miembro del consejo de administración y ejecutivo de pagos internacionales de EPI, que también estuvo en el corazón de la iniciativa Europay en el Comité de Gestión, recuerda la «reticencia y resistencia» de las redes nacionales y los «esfuerzos por parte de algunos sistemas nacionales consolidados de tarjetas de débito para alinearse y ser una fuerza contraria». Finalmente, uno por uno, y mediante conversaciones y una diplomacia prudente, se fueron adhiriendo a la identidad europea compartida.

Dirk La Meir, vicepresidente de Eurocard International antes de su fusión con Eurocheque y más tarde primer presidente de OpenWay, nació en Bélgica, vivió en Portugal durante muchos años y desarrolló una extensa red comercial en todo el continente. Su profundo conocimiento de los diversos matices regionales de Europa lo convirtió en un elemento decisivo para persuadir a la fragmentada comunidad bancaria a unirse bajo la iniciativa Europay. Dirk también jugó un papel fundamental en el fomento de la fidelización de los consumidores hacia el nuevo sistema de pago. Su visión estratégica llevó al patrocinio por parte de Europay de importantes eventos deportivos, como la Eurocopa 2000, donde los bancos participantes podían emitir tarjetas con el logotipo del torneo, fortaleciendo aún más la marca Europay.

¿Cuáles fueron otros elementos del éxito final de Europay que siguen siendo relevantes hoy en día? La Comisión Europea quería fomentar la banca minorista transfronteriza. Y en cuanto a la tecnología, las infraestructuras de la época eran eficientes y sofisticadas, y formaron una parte sustancial de las infraestructuras actuales.

«Era una red muy muy inteligente y muy avanzada. Construida por la compañía británica Logica a principios de los años 80, se convirtió en EPInet y fue la primera red entre pares basada en la serie IBM con nodos que permitían la comunicación entre los diferentes países y también la interconexión con la red internacional Mastercard», dijo Jones.

«Era algo muy europeo con una marca estadounidense», afirmó Peter Jones, presidente de PSE Consulting. Jones estaba cerca de la iniciativa Europay Debit en ese momento. En última instancia, Europay quería una marca europea con una infraestructura europea.

Uno de los más firmes defensores de maximizar la reutilización de la infraestructura existente e invertir en su flexibilidad e integrabilidad fue Dirk La Meir. Después de dejar Eurocard, siguió promoviendo lo mismo en OpenWay, y esta visión resultó ser sumamente estratégica a largo plazo. La plataforma de software de OpenWay de pagos con tarjeta al final se convirtió en el vínculo crucial entre las redes de tarjetas internacionales y las primeras tarjetas en CBDC de Eurasia, mientras que en Asia permitió aprovechar la infraestructura de las tarjetas para construir un ecosistema de billetera que conectaba a 40 millones de consumidores y 702 000 pymes.

Hoy en día, EPI ha adoptado el concepto de aprovechar la infraestructura existente en lugar de crear una nueva desde cero, como lo demuestra la adquisición de PayConiq e iDEAL.

¿Hablar en lenguas diferentes o superar las barreras del idioma?

Aunque los principales retos actuales de EPI son la inversión debido a una estructura de comisiones muy diferente y muy regulada, y la gran complejidad de la infraestructura actual, parece que la lección de Europay sirvió para algo a largo plazo. Tanto Rolfe, Jones, como Goosse hablan de la defensa de intereses y del toque personal en el arte de la diplomacia. Independientemente de los pagos invisibles y las transacciones instantáneas, el cruce de fronteras sin problemas o incluso la codicia y el patriotismo descarados, según recuerda Etienne Goosse, en realidad, todo se redujo a la perseverancia y la diplomacia.

«Creo que la historia se repite y los mismos factores de éxito son los que harán que algunas iniciativas salgan adelante o no. Hacen falta una visión, la gente, un plan, la energía... Todos los ingredientes estaban allí, pero no estaba garantizado que funcionara».

Goosse habla de un «momento clave» durante una reunión con un importante banco francés para superar un veto por parte de Eurocheque que bloqueaba todos los esfuerzos.

Destaca el tiempo que llevó. Las largas conversaciones abordaron con delicadeza las espinosas cuestiones del cambio, el control y el equilibrio de intereses. Pero esta reunión fue un gran avance y un ejemplo de progreso real. Fue un momento crucial en el que la cultura cobró importancia, uniendo tradiciones bancarias dispares por medio de un lenguaje común que hablaba a los actores establecidos de más de una manera.

Goosse resta importancia al hecho de que la comunicación en francés ayudara a lograr esa misión crucial. Se puede aplicar un lenguaje común a todos los aspectos de este tipo de esfuerzos: el lenguaje de la tecnología, la economía, el hecho de estar en sintonía en cuanto a los estándares de pagos, y el lenguaje de la comunicación humana sencilla que inspira, convence, ensalza, permite expresarse con claridad y deja huella.

Dirk La Meir, experto en el lenguaje de la tecnología que habla holandés, francés, inglés, alemán, español y portugués con fluidez, también tenía un don para la comunicación visual. Diseñó el primer logotipo de Eurocard, en el que el elemento rojo central se parecía tanto a la lengua humana como a la llama de la antorcha olímpica, evocando unidad y unión. Este simbolismo sigue presente en las actuales iniciativas europeas de pagos. Uno de los aspectos verdaderamente inspiradores del proyecto Wero de EPI es que la marca de la billetera comienza con «WE».

Fuente: Payments, Cards & Mobile

 

OpenWay es el único proveedor líder en soluciones de software de pago digital para la emisión de tarjetas, billeteras digitales, adquirencia de comercios, BNPL, switching de transacciones, tokenización y pagos de flotas, y el mejor proveedor de sistemas de pago en la nube según la calificación de Aite y PayTech. Bancos y procesadores de primer nivel, así como ambiciosas startups fintech, han elegido a OpenWay como socio estratégico. Entre ellos destacan Nexi, Enfuce, Shift4 y NBG en Europa; Network International y Equity Bank en Oriente Medio y Norte de África; Lotte y JACCS en Asia; ComdataBanesco y BeePay en América; Ampol en Australia, y otros actores líderes en pagos a nivel mundial.

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